Los inversores por valor de 6,5 billones de dólares exigen medidas climáticas a la industria de la comida rápida

No son sólo los consumidores los que impulsan el cambio en la industria alimentaria.

Durante mucho tiempo, los debates sobre el cambio de la industria alimentaria se han centrado en las dietas. Ya sea que se tratara de comer de la granja al tenedor, el freeganismo o el surgimiento de los vegetarianos y flexibilizadores, las elecciones que la gente hace han estado influenciando gradualmente la comida que ofrecen las tiendas y restaurantes, tal vez más notablemente en el reciente abrazo de White Castle al Deslizador Imposible.

Aunque a veces soy escéptico sobre el enfoque del movimiento verde en el cambio de estilo de vida como la palanca relevante para el cambio, la comida es un área en la que los consumidores tienen realmente mucho poder. Y eso es por la simple razón de que (la mayoría de nosotros) comemos todos los días y tenemos que comprar esa comida en algún lugar.

Pero la elección del consumidor no es la única palanca que podemos tirar. Igual de importante en un sistema alimentario globalizado es el poder de los inversores para exigir cambios y gestionar el riesgo climático. Y así como los inversionistas han estado exigiendo cambios a las compañías eléctricas y a los fabricantes de automóviles, una coalición de inversionistas institucionales con 6,5 billones de dólares está exigiendo ahora una acción climática significativamente más robusta de las compañías de comida rápida más grandes del mundo.

Coordinado por las alianzas de inversión sostenible CERES y FAIRR, se envió una carta a Domino’s Pizza, McDonald’s, Restaurant Brands International (dueños de Burger King), Chipotle Mexican Grill, Wendy’s Co. y Yum! Brands (dueños de KFC y Pizza Hut). En esa carta, los inversores exigen a estos gigantes corporativos que actúen en las áreas de riesgo climático y producción ganadera, uso y contaminación del agua y cambio de uso de la tierra.

En la carta se señala que varias grandes empresas de alimentos -incluidas Tyson Foods, Great Wall Enterprises y Pilgrims Prid- han sido convocadas por lo que se consideran altos riesgos climáticos en sus cadenas de suministro, y una mala gestión de esos riesgos. Y pide a estas grandes marcas que se pongan al frente de las amenazas científicas, de política pública y de demanda de los consumidores reforzando (¡lo siento!) las políticas de compra de animales; estableciendo objetivos y métricas claros para los gases de efecto invernadero; comprometiéndose a informar sobre los progresos realizados; y realizando análisis de escenarios y evaluaciones de riesgos.

Curiosamente, ya hemos visto grandes marcas como Tyson y Maple Leaf Foods invirtiendo en alternativas de carne de origen vegetal, así como marcas como Sonic cubriendo sus apuestas con hamburguesas de carne de vacuno y hongos. Espero que iniciativas como esta añadan un impulso significativo a estas tendencias.

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